Imaginen que la educación en México es como una casona antigua en el Centro Histórico. De esas que han sobrevivido temblores, revoluciones, reformas educativas y hasta los discursos de cada sexenio prometiendo que "ahora sí vamos a transformar la educación". La pintura se cae, el techo tiene goteras y las puertas rechinan, pero ahí sigue, sosteniéndose con parches, promesas y un cúmulo de trámites que nadie entiende pero todos llenan.
Pero, ¿qué queda realmente del sistema educativo? Si hacemos una excavación arqueológica en las escuelas públicas, podríamos encontrar vestigios de métodos obsoletos, libros de texto "actualizados" que contradicen los del año pasado, pizarrones de gis (porque el proyector nunca sirve) y una que otra estrategia innovadora que algún maestro intentó aplicar… hasta que la SEP cambió de enfoque.
Las ruinas de la enseñanza en México
El modelo educativo cambia más rápido que el precio del kilo de tortilla. Un sexenio nos dicen que la educación debe ser “competitiva”, luego que debe ser “humanista”, después “inclusiva” y ahora que debe ser “comunitaria y situada”. Y mientras los políticos se entretienen rebautizando la enseñanza, los maestros siguen haciendo malabares con currículos saturados, grupos de 30 o más alumnos y la eterna pregunta: "¿Va a venir en el examen, profe?"
Eso sí, lo único que no cambia es la burocracia. La educación en México se sostiene en tres pilares: los reportes de evidencias, las actas administrativas y los consejos técnicos. Los docentes pueden no tener marcadores para el pizarrón, pero nunca les faltará un formulario que llenar.
Los alumnos: sobrevivientes del sistema
Por su parte, los estudiantes han perfeccionado el arte de la supervivencia escolar. Han desarrollado habilidades impresionantes como detectar qué maestros revisan tareas y cuáles solo las hojean, memorizar todo cinco minutos antes del examen y dominar la técnica de la "mirada pensativa" para fingir que están reflexionando… cuando en realidad están viendo si la tiendita todavía tiene Tutsi Pop.
Y no es culpa de ellos. Aprender en un sistema donde los libros llegan tarde, las aulas están sobrepobladas y el internet de la escuela es más lento que un trámite en el IMSS es un reto digno de un reality show.
¿Y ahora qué?
A pesar de todo, la casona de la educación mexicana sigue en pie. Tal vez necesite algo más que una "manita de gato", como maestros con mejores condiciones laborales, inversión real en infraestructura y programas educativos diseñados con lógica (y no por burócratas que nunca han pisado un aula).
Porque, entre los restos de este sistema, todavía quedan docentes con vocación, alumnos con ganas de aprender (aunque a veces lo disimulen muy bien) y la esperanza de que, con los cambios correctos, la educación en México no solo sobreviva, sino que realmente sirva para algo más que llenar reportes.
Teodoro Doxas Haba
Comentarios
Publicar un comentario